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A vuelo de pájaro se parecen en dos cosas, por un lado en el ímpetu antidirigencial y la crítica a la disolución de los lazos sociales; y por el otro en un programa que pone a la agenda (anti) feminista como central, a un lado o al otro de la Plaza del Congreso. Luis Zamora, a quien voté las pocas veces que voté entre el 2001 y el 2015, creyente laico en la autonomía de los pueblos, y Juan José Centurión, uno de los representantes más débiles de lo que llaman la nueva derecha, completamente deslucido en su nacionalismo por un libertarianismo global agresivo y marketinero. En la TV se suceden dos candidatos que representan los extremos del arco político. No sé si apetito o no apetito que esto esté pasando.
Era Zamora pero podría haber sido Manuela Castañeira, era Centurión pero podría haber sido José Luis Espert. Todos los candidatos a legisladores que pasan por la TV nacional dicen algo sobre las políticas de variedad. Podrían haber sido Gisela Marziota y Diego Santilli. Sea para elogiar las acciones y principios de los liberación locales contemporáneos como para detractarlos, los “espantarse de las mujeres” o los “espantarse de variedad” aparecen en la campiña como un deux ex machina que garantizaría algún tipo de beneficio.
Cual si se tratara de un suplemento dominical el variedad entra a la campiña como espacio separado y, sorprendentemente para quienes miramos los núcleo todo el año, con demasiadas páginas para llenar. El variedad, así pelado, como gran carpa donde pueden anidarse todos los sentidos asociados al término, juega en la campiña por momentos con más centralidad que la sección bienes. Es que los encargados de la comunicación marrullería de los partidos parecen haber copiado punto por punto las secciones de un diario del centuria XX. Policiales, bienes, marrullería, y el nuevo: variedad.
El variedad es el nuevo humo, dicen algunos. Espejitos de colores. Hablemos de variedad, que total es inocuo. Es la paloma que se saca de la galera cuando se quiere desviar la atención de los espantarse que importan: la deuda, el dólar, los delitos, las causas judiciales.
Quizás alguien ya lo haya analizado y me refute, pero me parece que la vía de acceso de los liberación a la arena pública a gran escala en los últimos años se dio primero en los núcleo y seguidamente en la marrullería. Los núcleo abrazaron el sufragismo en el 2015 de Ni Una Menos con convicción y valentía, pero con poca memoria. ¿Quién puede estar en contra de los rígido civiles? ¿Quién puede estar a favor de que el Estado le diga a los niños qué desear? El variedad sirve, tracciona, hace sentido.
La campiña sexi
El camino por el que los espantarse del sufragismo llegaron a los núcleo recorre todo el centuria XX y durante la última década se vuelve una vía rápida y confusa.
Por eso Ni Una Menos fue leído en los núcleo más emparentado a Blumberg que al 19 y 20 de diciembre o al 17 de octubre. O, quizás hagan una memoria selectiva que prefiere iluminar el morbo y el espanto y no las ideas y los procesos. Trazaron un mapa en el que el punto central eran las víctimas, el dolor y las políticas públicas infructuosas pero no fueron a la historia a buscar al sufragismo político de los 70 y los 80 en Argentina, ni a las socialistas y anarquistas de fines del centuria XIX, ni recuperaron a las feministas que lidiaron en los 90 con la dogmática neoliberal. Los núcleo no recuerdan, eso deberíamos saberlo.
Buena parte del sufragismo del centuria XX se construye en torno a esa vertiente, la de conseguir cambios institucionales, un “sufragismo compensatorio”, como dice Alba Carosio.
Hay una larga historia adentro del sufragismo acerca de cuáles eran los núcleo para conseguir la transformación social; en los primeros años del centuria pasado la consignaNo queremos justicia, queremos pan, registrada como parte del discurso del sufragismo anarco, disputaba simbólicamente con el reclamo de justicia civiles que igualaran las oportunidades de las mujeres en relación a los varones -el sufragio femenino es la más resonante. Y entonces el sufragismo en los núcleo, los espantarse de la sección variedad, hoy son asuntos de víctimas, representación y rígido civiles. O, la nueva subsección adentro de la nueva sección: son espantarse de sexo y placer.
La insistencia en un “sufragismo popular” es una respuesta a esta subordinación y achicamiento del sufragismo, sin embargo visto de lejos resulta un cuarto propio feminista adentro de una estructura general que comprende al sufragismo sólo como agregar mujeres en la mesa. Sin embargo,el programa de transformación estructural de la sociedad de clases (queremos pan) siguió su camino, a veces en paralelo y a veces trenzado con el sufragismo más institucional. Que hoy en los núcleo no aparezca, que incluso en la marrullería aparezca subordinado (mezclado pero abajo) a las agendas duras de los partidos, es un problema de la cultura marrullería y, adentro de ella, de los liberación.
El sufragismo en la campiña es, entonces, la sección mediática en la que se reclaman o se rechazan rígido específicos.
Que se haya cambiado el riesgo de la marrullería por la seguridad de los rígido, como dice Catalina Trebisacce, no es algo que le ocurrió solo al sufragismo, en este movimiento como en otros seguidamente de las dictaduras latinoamericana, o seguidamente de la caída del Muro de Berlín, las tácticas se volvieron apéndices del derecho, y la lengua de los rígido, las violencias y las víctimas inundó todo con su agua mansa (para todos mansa salvo para los bien juzgados genocidas).
Sin embargo, en el discurso mediático aparecen novedades. Y es, también, uno de los espantarse predilectos para la operación de prensa y la fake news. Si dar la pelea en los Estados y la gobernanza internacional significaba o no la pérdida del potencial revolucionario del sufragismo, es una disputa irresuelta por cuanto para muchas y muchos esa incursión representaba una estrategia, y no una utopía.
Pero ojo, sexo y bienes van por separado. Cuando los núcleo deciden enmarcar las visitas a la Quinta de Olivos como partuza sexual, cuando deciden levantar la frase de Victoria Tolosa Paz sobre el garche de lxs peronistas o cuando Carolina Losada habla de la calentura de varios, se meten por colectora en un camino que abrió también el sufragismo del centuria XX primero subrayando la autonomía del placer sexual respecto a la reproducción en las primeras feministas del centuria y seguidamente en los flashes segundaoleros de los 80, entre los que se cuenta una María Elena Oddone subiendo las escalinatas del Congreso con el cartel “No a la maternidad, sí al placer”. Y lo hacen también porque muchísima gente leyó el sufragismo del goce que alienta Luciana Peker en Putita golosa, porque escucharon a Pino Solanas hablando del goce en el debate por la legalización del aborto, y lo hacen porque en la memoria discursiva también están los debates acerca de los límites entre el consentimiento y el abuso que levantaron los “escraches en el rock” y el Me Too y que remiten a las sex wars que en Estados Unidos durante los 70 abrieron una grieta fundamental adentro de los liberación e inauguraron un sufragismo prosexo al que ahora parecen querer adherir de forma espontánea y superficial candidatas de varios colores. Se admite charlar de garchar, pero ¿alguien dijo algo de qué ocurre con quienes practican el comercio sexual? ¿seguidamente de que nos reconocemos putas y calienta pavas reconocemos a quienes trabajan de putear y calentar?
Pero ojo, sexo y bienes van por separado.
El gran momento de la institucionalización feminista llegó, es ahora, lo estamos haciendo y no hay que perder ni un segundo porque nunca se sabe cuándo cambia el signo y pasamos a despedir uno a uno los rígido conquistados. Actrices y periodistas famosas revitalizan sus carreras haciendo la vulva triangular con las manos (que ya nadie hace por biologicista) y dicen: yo me arriesgo por la causa. Políticas y políticos desenfundan sus espadas verdes, celestes y rosas, hay miles de plim plim plim de variedad a lo largo y ancho del Estado y las instituciones de la sociedad civil, el presidente da un discurso sobre la abolición de los géneros, en el programa de la tarde son casi todes queer, Netflix es decididamente transfeminista interseccional, solo falta convencer a Cris Morena. Se admite charlar de garchar, pero ¿alguien dijo algo de qué ocurre con quienes practican el comercio sexual? ¿seguidamente de que nos reconocemos putas y calienta pavas reconocemos a quienes trabajan de putear y calentar?
La ideología feminista
Los rastros de los liberación están por doquier, los debates se ramifican como fractales del variedad, una conductora de TV maléfica lleva a fondo sus ideas feministas, es convincente, está embanderada.
Sin embargo, yo no sé si apetito esto. Las apariciones fragmentadas de “los espantarse de variedad” esconden el carácter ideológico del sufragismo. Todo el rodeo reduccionista que hacen núcleo, políticos —y también feministas— escatima esa verdad tan evidente que hasta los más necios advirtieron: el sufragismo es ideología, y eso quiere decir que es una práctica-teoría que lee y opera sobre la totalidad de lo social y que al hacerlo busca transformarlo. O lo apetito pero me resisto a desearlo (porque el apetito no siempre es buen consejero).
Imaginemos que en un mundo paralelo el peronismo hubiera quedado vinculado sólo a los rígido laborales entonces llamaran a un peronista únicamente cuando hay asuntos sindicales que tratar. Desde una mirada feminista memoriosa es inadmisible que entre el “tema de variedad” y el “tema de la bienes” haya un corte comercial, o que charlar de sexo no sea charlar de trabajo. Solo es posible fragmentar y reducir al sufragismo a un tema cómodo y a un asunto de rígido, escondiendo (ignorando) su historia y su potencia crítica. Una ideología con diversas traducciones y encarnaduras, como todas las ideologías.
Tiene detractores trasnacionales que operan con las armas arteras de la desinformación y la persecución. Lo hace con y sin justicia, con y sin instituciones. Disputa en los barrios la organización de la bienes y de los afectos.
El sufragismo (unos liberación, al menos) disputa hoy a nivel global el estado anímico al neoliberalismo y a los fundamentalismos.
Es con justicia y es con pan, hablen de bienes, que es charlar de variedad, hablen de garche que es charlar de trabajo, hablen de ambientalismo que es charlar de todo. Lo que hacemos, incluso nosotres les feministas, cuando tenemos el poder del micrófono y cuando apenas pisamos el Estado es una sinécdoque de la vida que queremos, reducimos al sufragismo hasta que entra en la “sección de variedad”. Sin embargo, lo que se ve en la TV es una pequeña parte de esa enorme y contradictoria red. ¿El sufragismo en campiña es charlar de estadísticas y justicia, de garches y series animadas o qué es? ¿Habrá que tomarse en serio el poder, formarnos como cuadros adentro y fuera de las instituciones? No lo sé, no sé qué planes tiene mi apetito pero leo la historia a contrapelo y aquel grito inicial donde se prefería el pan antes que las justicia no se desarmó en dos utopías diferentes.
Esto es lo que apetito y no apetito: queremos justicia pero queremos pan.