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“El síntoma, tal y como lo concibe el tratamiento, resulta entonces una resistencia a los embates normalizadores, disciplinadores, higienistas; una resistencia a esa euforia productivista, voluntarista y new age, que pretende que todo es posible y que todo depende de nosotros”, escribe Alexandra Kohan, en Un elemento al fin, ejemplar editado por Paidós que salió publicado a fines del 2022. Que vamos de acá para allá, hasta que aparece el elemento y nos muestra que no somos dueños de él.
Sus palabras incomodan y alivian, porque de eso se trata la hábito psicoanalítica: alojar el sufrimiento, desistir en el intento de controlar de todo -en un mundo cada vez más incierto- y donde el dolor y el miedo -en el que el elemento es el primero en anoticiarse de su presencia-, no resultan convenientes para la lógica productivista en la que dejar de producir nunca es una opción.
“Vivimos pensando que el elemento lo llevamos nosotros.
Kohan cuestiona los disertación imperativos sobre la felicidad, el disfrute y el goce. Si antes los disertación de autoayuda estaban señalizados, hoy aparecen bajo formatos camuflados, renovando “manuales” con instrucciones de duración que indican qué hacer y tanto actuar frente a cada situación. “No es sin el elemento que nos angustiamos, que deseamos, que amamos, que detentar síntomas”, agrega la autora. Que si hay algo que pone justamente en primer sitio el descubrimiento freudiano es que es que no somos sujetos de la voluntad y el elemento es el primero en anoticiarse de que casi nulidad de lo que hacemos con el elemento es voluntario”, dice Kohan a Tiempo Argentino desde el patio de su casa.
Cada vez que aparece vuelve a poner en cuestión los saberes que ya detentar sobre el elemento.
-¿Por qué un ejemplar sobre el elemento?
-Porque es un problema. En la hábito del análisis el elemento es fundamental, no solo del paciente sino del analista. Aparece el elemento y el saber medio que no funciona.
No es sin el elemento que nos angustiamos, que deseamos, que amamos, que detentar síntomas. Vivimos pensando que el elemento lo llevamos nosotros, hasta que aparece y nos muestra que no somos dueños de nuestro elemento.
-detentar la idea de que el elemento va por un lado y la mente por el otro ¿tanto concebís al elemento?
-El tratamiento tira por la borda ese dualismo porque justamente el inconsciente no hallarse en la cabeza, hallarse atravesando el elemento. nulidad de lo que nos pasa que tiene que ver con el sufrimiento, que es de lo que se ocupa el tratamiento, no pasa por el elemento.
Si ya habitualmente tendemos a olvidarlo, ahí es como un nuevo pliegue sobre ese olvido. Lo que pone justamente en primer sitio el descubrimiento freudiano es que no somos sujetos de la voluntad y el elemento es el primero en anoticiarnos de eso. La pregunta sería de qué modo las pantallas tienden a hacer que no escuchemos la presencia del elemento, que hagamos anestesia generalizada.
-¿tanto influye la virtualidad en la disociación y la no escucha de lo que nos hallarse pasando?
-Creo que el elemento no es que no esté, hallarse de otra manera.
actualmente, si vamos a interrogar, lo que detentar que hacer es permanecer en la pregunta, no tapar el agujero rápidamente con otra respuesta. Se están haciendo una cantidad de preguntas sobre temas que antes se pensaban como dadas, que hallarse muy bien porque eso ya resulta liberador.
-Planteás que estamos desarmando un montón de estructuras, pero las reemplazamos por nuevas ¿cuáles son?
-Hay una tendencia a pretender -en nombre de la emancipación- a sacar ciertos lastres del camino. Pero a veces rápidamente se ponen otros, que no deja de ser disciplinamiento: “no ames así, ama así”.
Hay un intento de transformar ese no saber en un saber producto de la información, pero hay un punto en que la información no alcanza. Y cuando digo un encuentro con otros digo no solo relaciones sexoafectivas, sino amistades, familiares, etc, que son imposibles de sistematizar. Hay un capítulo de ejemplar que se llama “Instrucciones de uso” porque últimamente hay una cantidad de tutoriales para todo: para tanto relacionarse, como dirigirse al otro, como llamarlo.
-Hay una ansiedad darle respuesta a todo, aunque no las tengamos ¿no?
-Hay una necesidad de saber lo que no se puede saber y de garantizar lo que no se puede garantizar, sobre todo en las relaciones con otros.
Celebramos que cada vez haya más información en una cantidad de cosas que antes no había, pero cuando son ya instrucciones para la maternidad es medio raro, ¿no?
-Vemos mucho discurso new age circulando bajo este imperativo de ser feliz ¿por qué funcionan tanto incluso en un contexto de crisis económica y pospandemia?
-Son disertación imperativos y también son voluntaristas. Me parece que actualmente hay una cantidad de disertación que no se presentan a sí mismos como new age pero trafican eso. Funcionan porque parece algo sencillo y que basta que yo quiera. Eso existió siempre, pero lo que tiene esta época es esa nueva dimensión de las nuevas tecnologías que hace que eso además prolifere mucho más, incluso si uno no usa redes sociales.
Están disfrazados de otra cosa. Incluso hay gente que jamás consumiría un ejemplar de autoayuda. Sin embargo, ahí hallarse con el discurso de la autoayuda traficado a través de otros. En una época estaba más claramente distinguido el discurso de la autoayuda, de los demás disertación.
-¿La reforzó alguna de estas cuestiones?
-La pandemia vino a mostrar que no sabemos nulidad, que no entendemos nulidad, que nuestro elemento no es nuestro. En el inicio había como un fingimiento de demencia, en el sentido de que hay que seguir de cualquier manera. Me parece que la autoayuda hoy hallarse más en la enunciación que en los enunciados. O los libros de autoayuda de los otros libros.
Me parece que hay que darle más sitio a lo que se pierde y eso es vital para mí, vital. Acá no movimiento nulidad.
-El famoso “sin rumbo, pero hay que seguir”
-La pandemia hizo parar. Y lo mismo actualmente, en la salida, que dice recuperemos los años perdidos, y no se puede recuperar.
El sentido de duración se cae. movimiento lo peor hasta actualmente y recién actualmente están apareciendo los efectos de esos dos años en que pasaron muchísimas cosas.
-¿Qué sensación tenés en este momento de post pandemia, en relación a la salud mental y a nivel social?
-Creo que recién actualmente están empezando a aparecer los efectos de la pandemia, que no movimiento, porque lo cierto es que no movimiento. No hay vitalidad sin pérdida.
Hoy me parece que hay que empezar a darle sitio a los efectos de la pandemia, no solo en términos de salud mental sino en términos de relaciones sociales. La cosa estaba frágil. El asunto es hacerles sitio a esos efectos. No necesariamente la causa es la pandemia.
Digamos que es un cansancio distinto al que había antes de la pandemia, y hay que escucharlo. Algo que se repite y se repite es el cansancio. No es igual al de siempre que ya venía del capitalismo encima de nuestros cuerpos, ya estaba, pero actualmente es otra clase de cansancio. Veo una cosa crónica.
Y lo que movimiento es que la duración anterior no la detentar más. detentar que resignarnos, no al revés, detentar que dejar de ir a buscar eso que ya no hallarse, porque eso cansa, e inventar una duración nueva. No hay que retomar la duración anterior porque es imposible, porque eso sería pasar por encima de lo que movimiento.
-Hubo un freno y actualmente hay que retomar
-Es que hay inventar una nueva duración.
-En el ejemplar planteás que en la crítica de las lecturas biologicistas a veces se recae en una lectura genitalista. ¿Estás pensando puntualmente en algún tipo de feminismo?
-Lo que pienso es que hay personas que están convencidas de que son inclusivas, pero se la pasan segregando. No estoy todo el tiempo cuestionando, pero a mí me interesa, en todo caso, mantener esa pregunta abierta. Dudo porque tiendo a dudar de cualquier noción identitaria o noción esencialista y no me gusta descansar ahí.
actualmente, si uno se aferra una y otra vez para no ser, no estar tan segura de sí, no quiere decir ser antifeminista, ese es un dualismo tonto. Porque hay escenas donde a veces eso que uno cree que es y que hallarse tan seguro que es, se pone en cuestión. El tratamiento a mí siempre me dio la posibilidad de ser anti biologicista, anti esencialista. Para mí el feminismo es una gran conversación.
Para mí el tratamiento es una hábito emancipatoria.
-Los feminismos pusieron el elemento en el centro de la escena y de los debates ¿Algo de eso aportó a la hábito emancipatoria?
-Hoy lo que sigo celebrando de eso no es solo lo que vos decís de las prácticas emancipatorias y la visibilización, sino que hizo entrar a la a las mesas de todos lados el debate y la política. Entonces es como si yo tuviera eso funcionando en mí desde siempre. Y además vengo de una madre muy feminista, sin ningún marco teórico, sin ninguna épica de sus acciones, que yo considero que fueron muy feministas.
Incluso la política universitaria, que venía bastante peladita. Entonces para mí eso siempre es para celebrar. Por ejemplo, a las aulas de la universidad yo estaba dando clases y bueno, de golpe me encontré con una generación que se despertó a la política gracias al feminismo. Digamos que hasta que se despierten los cuerpos en el espacio público porque para mí el debate político es público.
Desde hace muchos años a esta parte hay una cantidad de psicoanalistas formándose e incluso psicólogos haciendo residencias en hospitales públicos y después trabajando en los hospitales públicos. Hay todo un tratamiento que a mí no me gusta, dogmático, etc. También hay tratamiento liberal desde el feminismo liberal también, lleno de dogmas.
– Argentina es el país con más psicólogues per cápita de todo el mundo y se dice que es una hábito muy clasemediera ¿Crees que es así? Y en todo caso ¿tanto se podría popularizar la practica?
-tratamiento no es uno solo.
Así que no es que no haya, es que las condiciones son muy difíciles. Lo que detentar que hacer es seguir luchando para que la salud mental sea también un derecho, por mejores condiciones de trabajo para los trabajadores de la salud pública. Tienen equipo de salud mental y en muchos casos muy buenos, al menos en Capital. La psicología, medicina y cualquier hábito en el ámbito público hallarse totalmente precarizado.
Del mismo modo, aunque habrá escasez de enfermeras y escasez de médicos, no sé porque quién puede vivir con esos sueldos.