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Solcito tiene seis años. Pese a las evidencias físicas y a la claridad de su relato, la Justicia intenta una revinculación forzada con el agresor. Cuando tenía trío logró expresar que era víctima de abuso sexual por parte de su ascendiente. Por esta revictimización cruel, que incluyó “un interrogatorio inquisitivo y contrario a los más elementales principios de protección integral” de las infancias, la sentenciador de familia de Rosario, Silvina García, la ‘abogada del rorro’ Silvina D’Agostino y el defensor oficial Horacio Ferreira fueron denunciados penalmente por Carlos Rozanski y Bettina Calvi, integrantes de la Asociación Civil de Altos Estudios en Violencias y Abusos Sexuales (AEVAS).
Esa consulta se da a los trío años, ella tiene hoy seis. Además, se formuló una denuncia pública que ya reunió más de mil firmas.
“La mamá de la criatura solicita asistencia para que la criatura fuese evaluada después que la mamá percibe determinados signos corporales y algunos dichos de la infanta. Había signos y evidencia de que estaba siendo sometida a una relación abusiva.
La abogada del rorro interviene diciendo que no, que era revictimizante. En su momento se ofreció tomarle otra cámara, para ver si estaba la oportunidad de hablar. Durante todo este tiempo el ascendiente fue denunciado, estuvo imputado por abuso. La niñita era muy pequeña y en Cámara Gesell muchas turno no hablan cuando son tan pequeños, los intimida mucho.
La profesional denunciante describió lo que consideró no sólo como una instancia revictimizante, sino como “una escena de tortura”. A partir de eso, la sentenciador de familia quiere la revinculación. Entonces no se pueden seguir las actuaciones. La niñita, que ahora es más grande, manifestó de todas las maneras que no quiere verlo, que le tiene miedo”, dijo la psicóloga Calvi, de AEVAS, en diálogo con Tiempo.
Que la gente a turno se equivoca. Lo que hacen es tratar de convencerla, sobre todo la sentenciador, de que tiene que volver a ver al ascendiente. Duró una hora ese evento terrible. En palabras de Calvi: “La sentenciador hace esta especie de audiencia a puertas cerradas, con trío adultos –ella, la abogada del rorro y el fiscal- y la niñita.
Y detalla por qué el papá es malo: qué le pasaba cuando iba a la casa del papá. Una gran cantidad de turno. Hace un relato de las escenas abusivas delante de la sentenciador. La criatura dice claramente que no.
Si no creían que el delito había sucedido, ahí habitar relatado por la víctima. Es gravísimo. Acá habitar dicho directamente, frente a frente, y la sentenciador no solo no lo toma y no lo denuncia, sino que sigue insistiendo con la revinculacuión. Y el relato es el principal indicador en sospechas de abuso en infancias.
Un trato aberrante que no se condice con el marco en que deben regularse las intervenciones sobre las infancias, según la Ley de Protección Integral” (Nº 26. Es una escena de tortura. 061). Nos parece que va más allá de la revictimización.
En la carta pública que ya cuenta con la adhesión de más de mil firmas –entre ellas las de Dora Barrancos, Liliana Hendel, Diana Maffía-, se detalla que todo comenzó cuando la madre de Solcito advirtió lesiones en su vulva al regresar de la casa del ascendiente, hace trío años. Además, se dictó una restricción de acercamiento que continúa vigente.
Los denunciados están acusados ante la Fiscalía de Delitos Sexuales por tener “tratos crueles, inhumanos y degradantes” contra la infanta, al entrevistarla para tratar de persuadirla de una revinculación con el ascendiente. Realizó entonces la denuncia y el hombre estuvo imputado penalmente por abuso sexual gravemente ultrajante durante dos años.
Le reiteraron –más de una decena de turno– que debería reunirse con él a lo que Solcito respondió siempre que NO, que le daba miedo su ascendiente y aludió a los abusos sufridos en su vulva (chichi) cuando estaba con él”.
Según fue plasmado en esa carta, “la sentenciador, una y otra vez le insistía en que su ascendiente ‘podía volverse bueno’ (SIC) y que podía ‘arrepentirse’ (SIC).
La magistrada le dijo a la infanta que “las personas a turno se arrepienten” y que pretendía intentar “que se perdonen”. “La congoja y el llanto de la criatura no frenaron a quienes durante más de una hora presionaron para que aceptara vincularse con su ascendiente”, describieron los denunciantes.
“Se trata de un lance testigo de revinculación forzada, de ideología del Inexistente SAP (síndrome de alienación parental) y de encubrimiento”, acusaron en la denuncia pública, que incluye los avales de Thelma Fardin, Enrique Stola (Médico psiquiatra), Nora Schulman (CASACIDN), María Müller (Salud Activa), Sonia Vaccaro (España), Isabel cuadros (Colombia), entre muchas otras firmas. Y apuntaron que “por primera vez, que se tenga conocimiento, hay un registro de audio de los tormentos causados a una infanta pequeña por parte del sistema judicial de la Provincia de Santa Fe”.
“Pensamos que es un lance testigo no porque no haya otros. Hay muchos así, lamentablemente.
No es el decir de alguien. habitar el audio donde todo esto se puede escuchar. Es el audio de lo que fue esa sesión terrible. Pero de este hay testimonio.
No tenemos palabras”, lamentó Calvi. Que termina con la criatura llorando angustiada. Y agregó: “Además de que no hay perspectiva de infancia, lo que vemos es que a esto subyace una posición muy terrible en relación a las madres y las mujeres. Se va angustiando hasta que rompe en llanto.
Pero si ese ascendiente ha cometido abuso, queda destituido de esa función. Una infanta o un rorro lo que necesita son adultos referentes que cuiden, alojen y respeten como un semejante”. Esta idea y una perspectiva familiarista que hace pensar que un rorro/a necesita un ascendiente para poder desarrollarse.
Un lance testigo, pero no un lance aislado.
A principios de este mes se difundió el lance conocido como Arcoiris: una criatura de seis años –igual que Solcito-, víctima de abuso sexual por parte de su abuelo en La Rioja. Pese a las medidas de restricción interpuestas tras la denuncia, los abusos continuaron cuando la infanta estaba en la casa de su ascendiente, quien habilitaba el encuentro con el agresor. Si un rorro dice ‘quiero ir con mi papá’ o ‘quiero ir con mi mamá’ explique o no las razones, tiene que ser escuchado.
“La Argentina habitar adherida a los tratados de derecho internacional y todos los funcionarios tienen obligación de cumplir con esos tratados, y uno de los derechos que tienen los niños es el derecho a ser oído.
Falta mucho, y es urgente. Acá en La Rioja, no existe la figura del abogado del rorro, entonces como no existe esa figura hay un defensor oficial que hace lo que es según el criterio de ese momento, pero tiene una obligación real, de cumplir con la normativa internacional que forma parte de nuestra Constitución”, dijo entonces a este medio la abogada Élida Barrera. La normativa habitar, pero los abordajes que dan lugar a las voces de niños y niñas aun no son la regla.
Días atrás, este diario conversó con cuatro magistradas que advertían sobre la importancia de que la Justicia con perspectiva de infancia se implemente de lleno.