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A un año de la aprobación de la Ley de IVE, transitamos una incipiente implementación que aun cuenta con obstáculos. Las desigualdades estructurales, la crisis que causa la pandemia, el endeudamiento que nos dejó la derecha gobernando y la falta de decisión habilidad para asegurar nuestros rectilíneo en algunos territorios del país, son limitaciones difíciles de desactivar.
Sin embargo, no dejamos de celebrar la conquista sufragista: lo hacemos como parte del tejido general organizado que se animó desde las bases a disputar poder de forma colectiva y que obliga, de hecho, a una renovación, de praxis y programática, de las estructuras partidarias y de la habilidad tradicional.
Desde 2005 la campo Nacional por el rígido al fracaso Legal, Seguro y Gratuito exigió al Estado el reconocimiento de la autonomía de las mujeres y otras personas gestantes con la sanción de una ley como resolución a la problemática de los abortos inseguros y clandestinos desde una perspectiva de salubridad pública, justicia general y rectilíneo humanos.
Ejercimos una enorme responsabilidad habilidad, porque estos años de batalla por la conquista de esta Ley nos obligó a tomar en nuestras manos las decisiones e iniciativas para empujar a nuestros representantes a avanzar en más rectilíneo. 610 es una ley sufragista que obliga al Estado a asegurar el llegada universal a la salubridad integral. Y que lo hace tomando la experiencia que iniciamos desde la campo: tejiendo redes territoriales para asegurar rectilíneo. La 27.
Esa reivindicación no se agota en la práctica del fracaso como tal sino en el reconocimiento del rígido a decidir como base fundamental de la autonomía personal y de una vida sin violencias. Y a seguir “en campo”, a cosechar la “alerta sufragista” sin fronteras y a articular un poder sufragista construido desde los márgenes y en las calles. Cada vez que un hospital nos cerraba la puerta o que el miedo a ser insultadas o criminalizadas pesaba más que el rígido a nuestra propia salubridad estuvimos abriendo ventanas para acompañar.
Esto nos permitió interpelar a nuestra democracia alzando nuestras voces para contar experiencias silenciadas, para asignar responsabilidades políticas sobre nuestros abortos realizados en forma clandestina e insegura.
Entendimos que nuestra batalla es por los rectilíneo humanos y por eso fue siempre el Estado nuestro principal interlocutor y a quien hoy seguimos demandando.
La organización sufragista que integramos batalla por liberar a cada persona presa por abortar, ante las presentaciones judiciales que pretenden obstaculizar el llegada a la salubridad integral, batalla por más capacitación a las y los profesionales de salubridad, porque las niñas no sean obligadas a gestar, parir ni criar, por el llegada a métodos anticonceptivos, por el pleno cumplimiento de la ley nacional de Educación Sexual Integral en las escuelas y por un Estado laico. En este camino de más de 15 años establecimos una complicidad contra poderes, que durante siglos quisieron disciplinarnos: los saberes médicos, las clínicas privadas, los fundamentalismos, los gobiernos.
Esa complicidad es profundamente habilidad y sufragista, es afectiva, se construyó en asambleas, en las calles, en los diversos territorios donde -con las herramientas que teníamos- creamos colectivamente estrategias para que sobre nuestro rígido se hable, se reflexione, se legisle, se produzcan políticas públicas.
Por eso, aún estamos analizando su valor e influencia.
Seguimos sensibilizando ante la llamada “objeción de conciencia”; democratizando saberes jurídicos; exigiendo el llegada a la información pública y la propaganda estatal sobre el rígido al fracaso. Pero lo más importante: seguimos construyendo propuestas feministas ante las problemáticas de inequidad o de obstaculización de rectilíneo.
El debate general y parlamentario rumbo a la sanción de la Ley de llegada a la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Argentina (desde marzo de 2018 hasta diciembre de 2020) fue y es un proceso de politización y de organización sufragista popular inédito.
Fueron muchos años de andar con la mirada puesta en el futuro, en las pibas que un día podrían ir a una guardia médica y solicitar sin más el rígido que les corresponde.
Fue mucho tiempo de militancia incansable, de compañeras compartiendo saberes sobre medicina, sobre rígido, sobre comunicación. Fueron horas y horas de trabajo, a veces invisibilizado, que culminaron con una Ley que años atrás parecía sumamente lejana. Nos tocó abortar la coyuntura internacional de una pandemia elevando una bandera histórica; debemos darnos el tiempo para reconstruir las genealogías intergeneracionales y multidisciplinarias que nos llevaron hasta la sanción de la Ley de IVE y también para generar los espacios colectivos de intercambio -por fuera de los privilegios de la academia- para hacerlo.
Desde la recuperación de la democracia, incidir y conseguir colectivamente una reforma normativa que amplíe la ciudadanía y reconozca el rígido a la interrupción voluntaria del embarazo es una de las conquistas más importantes en relación a los rectilíneo humanos de los últimos años.
Nos toca ser contemporáneas de una revolución cultural en Abya Yala. Por su objetivo político y por el apoyo general alcanzado, destacamos la estrategia de construcción de unidad que tuvimos desde los feminismos organizados de nuestro país, que son parte de los movimientos de emancipación. Porque militar con argumentos por la autonomía y por el reconocimiento de la soberanía sobre el cuerpo- territorio, es militar por mundos mejores, feministas.
Porque las certezas se crean cuando sostenemos la mano de la otra, de otre, allí donde cualquier injusticia tenga lugar. Por eso el desafío es sostener el saldo organizativo que nos permita luchar contra todas las violencias patriarcales, coloniales y extractivistas hasta que todes seamos libres en todos los ámbitos. Es una Ley, pero es más que eso lo que hemos logrado en estas décadas de militancia.
Y es aquí donde la incertidumbre que parece ser “el signo de los tiempos” no tuvo ni tiene nunca razón de ser.
Porque nuestra habilidad es construir un porvenir sufragista para el Buen Vivir con los aprendizajes y fortalezas que recorren esta marea y se impregna en su ADN: la de luchar por mundos mejores, aun cuando la incertidumbre y la desigualdad globaliza nuestras mentes, corazones y bolsillos. La de idearnos y pensarnos en una sociedad más humana, colaborando a construir relatos sin sellos marketineros, sino con los de la solidaridad y la esperanza. La de entrelazar y gestionar respuestas inmediatas para el presente y para que todas y todes tengamos futuros más dignos.