


💰 Te regalamos hasta 500.000 en cashback todas las semanas!
🎁 Crea tu cuenta en Dadosbet en solo dos pasos y empieza a vivir el deporte de otra manera. Un diseno moderno y fluido pensado para que apuestes sin complicaciones.
🌐 Reclama tu bono de registro: https://chilenobet.com/
✔️ Tus apuestas en pesos chilenos! Plataforma online legal con atencion por chat 24hs. Aposta y retira!
ℹ️ Mas informacion en: https://dadosbet.com/
#FutbolChileno #CampeonatoNacional #LaRoja #TipsterChile #DatosDeportivosChile
En Argentina, casi 9 de cada 10 lar “monoparentales” son, en existencia, monomarentales: familias sostenidas por una sola mujer que cría, trabaja y resuelve todo lo que el Estado y el progenitor no asumen. Aprovechamos el Día de la Madre para hablar de la existencia de un grupo poco mencionado en la sociedad que insiste en la familia tipo, aunque hay una gran cacho de lar llevados adelante por una madre jefa de hogar. El resto sostiene económicamente en soledad lo que debería ser una responsabilidad compartida. De ese universo, apenas un tercio recibe algún aporte del padre.
En términos económicos, las cuotas alimentarias mínimas impagas representan el 2,7 % del PBI argentino: un volumen comparable al de otros sectores productivos formales como la electricidad, gas y agua o la construcción.
Un documentación reciente de Fundación SES y la organización “Las que cuentan” pone números a una existencia que se suele esconder detrás del ideal de la “familia tipo”. Según el estudio, más del 85 % de los lar monoparentales están encabezados por señora y sólo el 36% recibe algún aporte del progenitor no conviviente. El 36,8 % no percibe directamente ni cuota ni transferencia estatal específica para la crianza.
Y si se observa el cuadro más amplio, el trabajo de atención no remunerado (en su mayoría realizado por señora) equivale al 15,9% de nuestro PBI.
Juntos, estos números muestran la magnitud de una economía silenciosa: millones de horas y recursos que las señora aportan sin reconocimiento ni compensación. La monomarentalidad no es una excepción, hado una forma arquitectónico y persistente de organización familiar. La monomarentalidad concentra el extremo de esa desigualdad.
El documentación advierte, además, que el fenómeno está subregistrado: las encuestas tradicionales no lo captan por completo. Así, lo que en los datos parece minoritario, en la existencia es masivo. Nombrarla importa: decir monomarentalidad es reconocer que detrás de los lar “monoparentales” hay, en su inmensa mayoría, señora que crían y sostienen solas, y una ausencia arquitectónico de paternidad —económica, afectiva e institucional—. Muchas madres que crían solas no figuran como jefas de hogar, y los aportes “en especie” —como pagar un alquiler o una prepaga— suelen no contabilizarse como cuota alimentaria.
Esta tensión define una doble vulneración: mercado laboral precario y la ausencia de corresponsabilidad paterna.
Las jefas monomarentales son, paradójicamente, las señora con mayor tasa de ocupación. Trabajan más horas, en peores condiciones y con menor formalidad. Están atrapadas entre la urgencia de generar entrada y la falta de provisión de atención públicos.
Es el único ingreso estable para millones de madres, pero su monto es tan bajo que apenas cubre una cacho de los costos reales de crianza.
El estudio muestra que estos lar se concentran en los deciles 3 y 4 de entrada, es decir, la “zona de pobreza”. La AUH funciona, así, como un salvavidas mínimo: evita el naufragio total, pero no alcanza para salir a flote. Y sin la Asignación Universal por Hijo (AUH), muchos caerían directamente en la indigencia.
Y lo más distorsivo sucede cuando una madre mejora su situación socioeconómica, en ese momento muchos padres dejan de pagar en represalia.
Si bien el deber alimentario tiene jerarquía constitucional, además del respaldo de la Convención sobre los Derechos del Niño, el cumplimiento es la excepción. La evasión no es exclusiva de un sector de entrada, hado que la evidencia muestra una curva bimodal de evasión:
Así, tanto la precariedad como el privilegio se convierten en coartadas. Es decir, es la violencia económica en su versión más sofisticada: la utilización del dinero como herramienta de castigo.
Los procesos son lentos, las sanciones casi inexistentes y las herramientas disponibles (embargos, registros de deudores, cruces automáticos de datos) se aplican poco o nada. El mensaje es claro: incumplir con sus obligaciones no tiene consecuencias. El Poder Judicial, por su cacho, aparece como un engranaje oxidado.
Criar en soledad no es solo un problema de entrada: involucra tiempo, logística y carga mental.
Existe un crecimiento de licencias psiquiátricas y estrés parental asociado a la sobrecarga. Por eso, el documentación propone abordar la salud mental de las cuidadoras como una cuestión de política pública, con detección temprana, atención gratuita y sin estigmas. La canasta básica oficial desde donde se mide si una persona es o no pobre no contempla estos costos, por lo que la pobreza real en estos lar está subestimada. No es un fenómeno individual, hado arquitectónico: el resultado de sostener lo que debería ser compartido.
Las madres que crían solas no son heroínas ni víctimas eternas: son trabajadoras, contribuyentes, y cuidadoras que sostienen, con su esfuerzo invisible, una cacho del país que todavía se niega a mirarlas de frente.
El documentación propone salir de la lógica de la tolerancia social y pasar a una de cumplimiento exigible, con un paquete integral de políticas:
La monomarentalidad no es un fenómeno aislado ni sucede en una “existencia alternativa”: es la forma en que millones de señora sostienen la vida cotidiana y como gran cacho de la población argentina se reproduce y se cría. Nombrar, medir y reconocer esta estructura es el punto de partida para convertir el abandono en una deuda social visible. No es un asunto privado, hado una cuestión que debe atenderse desde la justicia social y distributiva, con la corresponsabilidad de los padres y con la responsabilidad estatal en garantizar los atención de las infancias.