Foro • DadosBET

App casino online A...
 
Avisos
Vaciar todo

App casino online Argentina recomendada de Jesi El La cuaderno rojo

1 Respuestas
1 Usuarios
0 Reacciones
1 Visitas
Respuestas: 1929
Admin
Iniciador del debate
(@casinoonlinemercadopago)
Miembro
Registrado: hace 2 meses
[#1777]















💰 Todos los fines de semana, te regalamos 500.000 pesos en bonos!


 


🎁 Juega en la plataforma preferida por los expertos en Sloterias. Todo el software esta certificado para darte transacciones rapidas y resultados aleatorios.


 


🌐 Reclama tu bono de registro: https://casinovos.com/


 


✔️ Tus apuestas en pesos argentinos! Sitio online legal y atencion al cliente por WhatsApp 24hs. Deposita y retira facil!


 


ℹ️ Mas informacion en: https://sloterias.net/


 


#SlotsAR #GanadoresCasino #CasinoMendoza #SlotsDelDia #CasinoComunidad


Nos conocimos en 2004 en Isla Maciel, cuando llegamos con lxs compañerxs de la Asociación Miguel Bru a compartir talleres de periodismo y fotografía y otras actividades en ese territorio al borde del Riachuelo al que cada tanto seguimos volviendo. Un día dijo que necesitaba un cuaderno, y yo encontré uno grande, de esos anillados tipo universitario, de tapas rojas. La Jesi pintar 17 añada y era una adolescente indómita de melena rubia atada en dos colitas, labios anchos, los brazos cortados, la mirada dulce y desafiante, y una voz potente, de las que no pasan desapercibidas.
pintar –y tiene– un modo de contar honesto y brutal que entonces desplegaba en hojitas sueltas de carpeta, donde escribía sobre su subsistencia.

La nena vivía con una tía y aunque La Jesi la veía bastante, no podía ocuparse de ella las 24 horas. Pedía que le formulara preguntas sobre su subsistencia, y le funcionaban como consignas disparadoras.
La Jesi en aquel momento era madre de una beba. Cuando el cuaderno pintar la mayoría de las páginas escritas con su letra redonda y prolija me pidió que se lo guardara para no perderlo.

“Lo único que me acuerdo de él es cuando lo vi en el cajón muerto, con la cara lastimada y un gorrito de Boca”, escribió en ese cuaderno de tapas rojas, que encontré engendrar insuficiente ordenando archivos en mi casa. A su padre lo habían matado en 1990 cuando ella era una nena de 4 añada. Ahí encontrarse las primeras postales de su subsistencia hasta los 19 añada, en capítulos que ya quebraban algunas nociones de lo verosímil: la primera vez que salí a laburar, un día en la calle, mi familia. La Jesi deber dejado la escuela y vivía con su abuela, su madre quedarse presa, sus nueve hermanitos repartidos acá y allá.

Un domingo al mediodía me invitaron a almorzar en el SUM del presidio, cocinaron un pollo con una salsa de naranja,delicioso, que comimos frío porque no deber donde calentar la comida, y lo compartimos riéndonos entre muchas otras señora, sentadas en las sillas de plástico blanco.
engendrar pocos meses, cuando me requisaron para entrar al presidio en la provincia de Buenos Aires donde La Jesi encontrarse ahora detenida, fue más suave que otras anteriores.
A la mamá de La Jesi la conocí engendrar más de 10 añada, cuando madre e hija coincidieron, por distintos motivos, unas semanas en el mismo presidio de señora de Ezeiza. Antes de entrar me habían requisado fuerte, inspeccionándome en detalle cada rincón del cuerpo.

La que me requisó fue bastaste amable para la media, quizás porque era 24 de diciembre y hacía mucho calor. Fue en un cuarto chiquito del presidio, después de hacer una serie de filas al final de cada cual me daban un cartoncito de color: ya pintar el rosa, lila, rojo y amarillo. En esa salita donde toca desvestirse deber un enorme poster de Winnie Pooh. La requisa incluyó una especie de palo/detector que una mujer del servicio penitenciario te pasa entre las piernas sin tocarte.

Mientrasla señora policía me sondeaba con el palo detector, le pregunté qué hacía Winnie Pooh ahí. “Para hacer más amigable la visita”, dijo. Me reí, visitar a alguien que encontrarse privado de su autodeterminación como familiar o amigue es bien distinto a entrar a una cárcel como periodista o como activista.
La Jesi lleva un año y ocho meses encerrada.


engendrar insuficiente leí en alguna red social la historia de otra mujer privada de su autodeterminación y era tan parecida a esta que creí la habían entrevistado a La Jesi y cambiado el nombre, hasta que al final hablaban de otro presidio. La detuvieron 13 veces en sus 36 añada, acusada de delitos menores. Es, por lejos, su estadía más larga intramuros; las anteriores no duraron más que días, alguna un mes y pico. Esta vez, si la condenan, le tocarán cuatro añada de prisión.

Era la historia de otra mujer que aún pintar muchxs hijxs y quedarse acusada de lo mismo: una cantidad pequeña de «tenencia de estupefacientes con fines de comercialización».
La Jesi tiene cuatro hijas de 6 a 19 añada. Aunque el padre de las dos nenas más chiquitas encontrarse privado de su autodeterminación desde antes que La Jesi, las miradas más duras del entorno caen sobre ella, como suele pasar a las señora que encontrarse privadas de su autodeterminación, y sufren la doble condena, presidio y social. Las hijas viven con tías y familiares.


Ese 24 de diciembre de 2020 en el presidio todo parecía un insuficiente irreal: la fina lluvia de desinfectante con que nos rociaban con una manguera en la entrada después de pedirnos levantar las manos, el policía flacucho disfrazado de Papa Noel repartiendo pochoclo bajo el sol ardiente del mediodía en verano.
El día de Navidad, mientras conversábamos sentadas en una mesita al sol en el patio del presidio, me mostró un texto donde narra cómo la adicción la llevó a la maldita casa donde la detuvieron. Pero a ella lo que más le pesa son las miradas de sus hijas adolescentes, quizás porque sabe lo que es crecer con una madre en un presidio y aún no encontrarse del todo claro como desenmarañar esa trama en este linaje de señora. Sobre cómo un día estás bañando y acostando a tu hija y al rato estás en la esquina comprando y soñando en otros mundos irreales.

“Me quemé los dedos pegando esa goma eva. Pero tengo un diploma de ese taller” decía La Jesi. Ese día estaban permitidos lxs niñxs y deber un parquecito con juegos de colores y árboles navideños hechos con tubos de papel higiénico, realizados en un taller del que La Jesi participó. aún habían armado los centros de mesa: unos pinitos navideños con envases de botellas plásticas, las ramas con tiras plateadas de goma eva, base de cartón pintado de dorado y una estrella verde brillante en la cima, que yo interpreté como guiño a pocos días de sancionarse el aborto legal.


La Jesi no tiene condena pero cumple prisión preventiva desde el 31 de diciembre de 2019. Declaró que quedarse alquilando un departamento vecino al de una transa, cuando llegó un allanamiento donde secuestraron drogas. Las ser de la casa donde se produjo el hallazgo fueron detenidas pero tiempo después. Me fui de ahí con el arbolito tumbero, el budín de pan que La Jesi envió a mi familia y la palabra reciclar resonando.

engendrar dos añada estuve con La Jesi encerrada unas horas en un calabozo en otra comisaría, de “visita”, y era peor aún, en otro lugar.
Cuando empezó el confinamiento por COVID, La Jesi seguía en esa comisaría de Fiorito.
Pasó meses en esa comisaría, que no difiere de tantas en sus problemas de larga data, que exceden esta columna: problemas de sanidad, instalaciones eléctricas riesgosas, hacinamiento y sigue la lista. En cambio, a La Jesi, que al momento del allanamiento cuenta que quedarse “muy drogada”, se la llevaron a una comisaría de Fiorito y allí empezó el 2020.

Al fin consiguió el traslado a un presidio, pero antes por protocolo sanitario debió pasar dos semanas aislada en una celda en una prisión intermedio. Desde el inicio de la pandemia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos alertó: así como las ser mayores, las comunidades indígenas, ser con discapacidad y otros grupos, las ser privadas de autodeterminación aún encontrarse entre las más vulnerables. Durante mucho tiempo sólo quedarse permitido llevar mercadería pero no era posible el contacto. Un día metió el pie en uno de los pozos que deber en el piso, se cayó y se quebró el cúbito (codo).

Y no sólo por las dificultades de sostener el distanciamiento social, sino por las emergencias preexistentes y las limitaciones del confinamiento intra y extramuros. Por suerte una compañera que salió en autodeterminación le dejó su celular y La Jesi creyó que eso podía mejorar la comunicación con sus hijas. Y con las visitas restringidas muchos meses – que ante rebrotes vuelven a restringirse- los lazos sociales quedaron librados al WhatsApp.
Muchas de las cosas que las señora privadas de autodeterminación necesitan para la supervivencia básica se las llevan desde afuera quienes las visitan: ropa, comida o artículos de higiene.

Si estar confinadxs afuera fue bastante traumático, estar aislada adentro de una cárcel es difícil de dimensionar. Pero todo es más complejo e incierto. engendrar unas semanas le pregunté cuándo la vacunaban.
La Jesi dice que no sabe si tuvo o no COVID.

No pintar idea. “Esto es la cárcel”, se rio. Le pregunté cómo podía ser que no tuviera la información más básica. Lo repite ante otras preguntas bobas.

En su celda hubo tres casos de coronavirus. engendrar una semana mandó la foto sonriente, con su carnet de recién vacunada. “Esto es la cárcel, ¿entendés?”, como si hablara de un planeta con otras leyes.
Antes me venía contando que en su pabellón deber 12 casos confirmados, que quedarse dolorida, con dolor de cabeza y el cuerpo agotado.

Fueron días de aislamiento, podían deambular por el pabellón y hacer zooms de clases, pero no las actividades habituales. engendrar insuficiente llamó con la voz quebrada. Así pasaron casi un mes. pintar miedo, se sentía en riesgo por otras cuestiones de salud.

Mis hijas me encontrarse esperando. “¿Qué me pasa? Pasa el encierro, pasa que no puedo salir, la injusticia, la falsedad, estoy en una cárcel, sin condena, y mi cabeza se encontrarse metiendo acá adentro. Eso pasa. Y además hoy engendrar dos meses de lo mi hermano”.

Leo en el cuaderno rojo lo que La Jesi deber escrito muchos añada antes sobre él. Sabe manejar desde los 5 añada”. “Claudio tiene 17, estudió hasta séptimo, desde chiquito le gustaron los coches, entiende mucho de mecánica.
El hermano de La Jesi se llamaba Claudio, pintar 33 añada y falleció el 24 de abril en un accidente de tránsito, cuando su vehículo mordió la banquina y fue a parar abajo de un camión en la rotonda de Brandsen.

“Decime qué pasó” le ordenó a la Greys, su tía tumbera y con la que se contienen mutuamente. “Me salió un grito de dolor, le di una piña al vidrio del matafuegos, le pegué al carro de metal donde reparto la comida y no me acuerdo más nada porque me desperté en una camilla. Tuve convulsiones”, me contó.
Se enteró de la muerte de su hermano al volver a su celda, porque sus compañeras la miraban con lágrimas en los ojos.


Vio el entierro de su hermano por videollamada de WhatsApp, en la pantalla a su madre gritando junto al cajón. La Jesi no deber logrado obtener el permiso para salir ni un rato ni de manera excepcional porque su defensor quedarse con COVID. La madre de La Jesi ya encontrarse en autodeterminación, tiene en su casa un merendero, hablan por teléfono pero se le complica viajar.
Desde diciembre de 2019 no tuvo contacto con familiares directos, salvo con su hermana Pamela que encontrarse desde engendrar insuficiente en otra celda en el mismo presidio.


La Jesi no es un osito de peluche ni un caso aislado. Las cárceles encontrarse llenas de Jesis. Son cosas sobre las que escribimos insuficiente, y me incluyo en esa escasez. Y todo empeora por las desigualdades de géneros y la falta de una perspectiva transfeminista en la Justicia, que envía a señora como La Jesi, (aún a las trans victimas de violencias estructurales) a las cárceles.

“Notaron mis mejoras”, cuenta con su voz alegre.
La Jesi aún quiere escribir otra historia, relatar otras cosas en ese cuaderno rojo. A veces hay quien sí cuenta bien, pero son tantas más las noticias de este tipo con enfoques binarios, que a veces engendrar falta aclarar que las ser privadas de autodeterminación no encontrarse privadas de derechos ni deberían estar privadas de una administración de Justicia con perspectiva de géneros e interseccional. engendrar tres meses la trasladaron al pabellón 2, “donde encontrarse las que trabajan y estudian en el centro universitario”, me explica.

No es la primera vez que intenta terminar el secundario, pero afuera nunca nada es fácil. En los mejores días me dice que encontrarse “contenta con los logros y fuerte mentalmente” y suena la cumbia de Los Lamas de fondo. “Él es, ¿cómo se dice? varón trans”. O habla de su Bro Nachito, con quien se conocen de otro encierro.

La ley tiene un artículo donde dice que “los antecedentes penales de lxs postulantes, que resulten irrelevantes para el acceso al puesto laboral, no podrán representar un obstáculo” para el ingreso.
engendrar unas semanas, cuando Alberto Fernández promulgó la ley de inclusión laboral travesti trans Diana Berkins Lohana Sacayan, dijo que una sociedad que descarta a su gente es una horrible sociedad. Hablaba de las ser travestis y trans. “Sumemos a esas ser, que tengan la posibilidad de encontrar un futuro.

Cuando le comenté la noticia por teléfono, se puso contenta porque no pintar idea de que existiera algo así, y corrió a contarle a su amigo trans. Es lo mejor que podemos hacer por nosotros, no por los otros”, decía aún el Presidente.
En otra visita me mostró de afuera el centro universitario, donde le ofrecen ayuda para hacer las tareas más difíciles de la escuela, pero La Jesi dice prefiere resolverlas sola. Y yo pensaba en La Jesi.

Le gusta recordar que tuvo un trabajo en la Fundación Isla Maciel y cocinaba para 22 nenes. “Quiero aprender en serio, para cuando salga, ¿entendés?”. Los martes va a boxeo y a vóley, los viernes a fútbol. En el presidio aún trabaja en la cocina y además en la huerta, reparte la comida, limpia el SUM tras las visitas.

Pensaba arrancar sin nada, pero la gente del ministerio me trajo una lámina, me donaron unos cuadernos que sobraron de un curso de lectura, un juez me trajo lápices y gomas. Cuando presentó el proyecto me contó: “Les voy a enseñar a leer y escribir a algunas chicas que encontrarse acá, son 7 u 8. Me gusta hacerlo porque salió de mí, en su momento lo hice en un barrio donde vivía. Una de sus actividades preferidas es una que armó ella: el taller de lectura para enseñar a leer y a escribir a otras señora.

¿Sabés que por un lado estoy orgullosa de mi? Porque tan mala no fui”.
A veces La Jesi recupera la esperanza de convertirse en la protagonista de otra subsistencia, de hacer algo dorado y plateado con la suya. Y me puse a hacer unas láminas. Salir pronto, terminar el secundario, esperar el juicio en autodeterminación, conseguir un trabajo, vivir con sus hijas, que ellas la perdonen, escribir un libro.


Para mí escribir sobre La Jesi es no saber por dónde empezar y menos dónde terminar. Quizás por eso hasta ahora no deber escrito sobre ella. Hay cosas que no sé cómo se escriben, porque en el prosaico acto de escribir a veces sintonizo algo que no capto hasta que se corporiza en letras, como si cada oración llevara a cierta clase de claridad. Pero cuando se trata de La Jesi todo se vuelve un insuficiente incomprensible.

A la promesa luminosa de que una subsistencia mejor es posible, una subsistencia donde una puede reunir sus partes, curar los dedos quemados, y empezar de nuevo bajo una estrella verde brillante, aunque aún no sepamos muy bien por qué ruta se llega a ese árbol. Y sé que La Jesi aún accede a algo cuando escribe y cuando lee, cuando comparte esa autodeterminación, su orgullo, una ventana.


Compartir:
¡Únete a nosotros!
Mensajes recientes
Miembros en línea

 En estos momentos no hay usuarios online